jueves, 19 de julio de 2012

29/7/2011 Going to Vietnam



Ya instalada en el bote que nos llevará a Vietnam y tras unas últimas vistas de Phnom Penh esta vez desde el rio, puedo observar la belleza del lugar.



A la mente me llega el recuerdo de la persona muerta ayer. Preguntando al guía me confirma que es un varón y murió asesinado.
He pensado que en un lugar tan pequeño como esta ciudad es muy posible que los policias que lloraban lo conocieran, eso explicaría su estado anímico.
Podría ser un policia infiltrado en una mafia, descubierto, por ese motivo lo degollaron echándolo al río.

El grupo de esta viaje es reducidísimo, somos 5 turistas, dos son americanas de California, uno alemán que vive en Madrid, otra de corea y la menda (yo).


El hecho de ser pocos hace la travesía muy cómoda pudiendo estar estirados por cualquier parte.
De los cinco solo el alemán y yo hacemos los tres días, las otras tres pasajeras se van mañana para Ho Chi Minh.


El recorrido muy agradable viendo los campos de arroz y la vida pesquera de los pueblos o casas que nos vamos encontrando.
Satur (el gallego) me dejó una novela que me ha atrapado, he pasado la mayor parte del viaje leyéndola.

Es de Luis Leante y se titula “Mira si yo te querré” está ambientada en Barcelona en los años de la muerte de franco, relata la entrega traicionera que hizo España a Marruecos de su colonia del Sahara.

Me gusta porque está escrita guardando muy bien la intriga. Se desarrolla en el clínico en los mismos años que yo andaba allí de auxiliar primero y de médico después.


Esta es la frontera Camboyana.

El paso por la frontera ha sido bien curioso. De entrada la frontera Camboyana parece una casa familiar con altar y un jardín arreglado con mucho gusto.
Hemos desembarcado, nos han sellado los pasaportes sin colas ni agobios ¡genial¡

La frontera de Vietnam, unos metros más allá, no tan bonita con la anterior pero más sorprendente ya que es un restaurante donde te ofrecen comida mientras el guía se lleva todos los pasaportes. Mientras comemos los tramitan, cuando acabamos el guía nos devolvió el pasaporte. Los de la frontera ni te ven la cara ¡sorprendente¡

Tras seis horas de navegar echando la siesta, llegamos a Chau Doc donde estaba nuestro hotel flotante.

Allí nos instalamos en las habitaciones compartidas. En el restaurante nos sirvieron una sopa con verdura y noddles muy rica que me he atrevido a comérmela con palillos consiguiéndolo.


Junto con Achim (alias Joaquim), el alemán y Heon (alias Honey) , la coreana -yo soy alias Maria así todo es más facil para todos- fuimos a pasear por la ciudad encontrando a gente muy amable y predispuesta a sonreír e incluso a casi pedir que les hagamos una foto, les gusta posar como a los de Cambodia.


La calle principal llena de motos y bicicletas está tranquila al principio pero a las cinco (supongo que coincidiendo con la salida de los trabajo) se llena de motos, bicicletas, coches….parece como si les hubieran dado el pistoletazo de salida de una carrera, todos con prisas bocinazo arriba, bocinazo abajo, que se note que llevan claxon que para algo lo han pagado.


Nos hemos adentrado en el marcado que está lleno de mercancías variadas.
Me duele ver a los peces aún vivos coleteando en su desespero por sobrevivir.
Sorprendente la buena predisposición de niños y no tan niños a saludarnos y devolvernos las sonrisas, seguro que no es una ciudad de mucho turista, aún no están quemados.


Tras dos horas de patearnos las calles de esta amable ciudad hemos vuelto al hotel flotante no sin antes hacer los honores a unos pastelitos de chocolate que nos ha comprado Achim.
Nos ha tomado unas fotos con las manos en la masa, en pleno delito.


El caer de la tarde deja un color plateado en el rio y en el entorno con una quietud ambiental que me hace sentirme plácidamente confortable y feliz hasta el punto de saltarme unas lágrimas de placer.


Una buena ducha y una estupenda cena han completado el día que ha sido de lo más enriquecedor.
Hemos ido a un bar de copas junto a nuestro hotel pero en tierra firme para poder conectarnos a internet. Desde este bar se ve nuestro hotel flotante.


Ahora junto al mar, escribiendo estas líneas acompañada de mis amables nuevos amigos y oyendo música agradable mientras me bebo un coco pienso en lo afortunada que soy de poder estar aquí, de estar viva, de sentir tan intensamente, de amar todo lo que me rodea………….
Soy feliz, pido que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad, como dice la canción de Silvio Rodriguez.

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