Por la mañana hemos ido a visitar Raft Village donde nos han enseñado una piscifactoría casera.
Debajo del porche hay una red que ocupa todo el diámetro de la casa donde los peces no pueden salir. Allí los alimentan hasta que adquieren el tamaño suficiente para ser vendidos.
Luego hemos paseado por la aldea viendo el quehacer diario de sus habitantes, eso es posible porque hacen vida en el exterior y sus puertas si las hay están abiertas de par en par.
Saludando a niños y mayores hemos disfrutado de sus sonrisas y su predisposición a ser inmortalizados con nuestras cámaras………………..Que paciencia que tienen.
Honey, Joaquín y yo (María) nos hemos salido del grupo de borregos que formábamos (los turistas) para poder ir a nuestra bola parando donde queríamos y no donde nos mandaban hacerlo.
Fuimos al mercado de la ciudad que siempre es atractivo, todos se parecen pero todos son distintos.
Niños jugando al ajedrez local muy ensimismados con sus habilidades.
Unas escalinatas nos acercan al templo que tiene en su entrada a un buda sonriendo "Happy Buda"
Las vistas desde lo alto del templo son muy bonitas, dan sensación de paz y serenidad.
Las imágenes a las que hacen ofrendas son policromas y algo infantiles pero las de las iglesias católicas no es que sean mucho mejor salvo excepciones dignas de mentar como "La piedad" de Miguel Ángel.
Los monjes del templo con su habitual amabilidad colocando sus flores para el altar.
Comimos excelentemente por el camino en un restaurante de carretera disfrutando de una cerveza local y café colado.
Tras tres horas de bus pasando por pueblos con sus calles en ebullición de gentes y comercio, paisajes de jungla, ríos con sus casas alzadas y barcas faenando hemos llegado a Can Tho donde nos han dejado en un hotel a Joaquín y a mí. Honey sigue camino hasta Saigón.
Consiste en que en el porche de la casa flotante hay la posibilidad de levantar el suelo donde se acumulan los peces que acuden para comer pienso que les administran diariamente.
Debajo del porche hay una red que ocupa todo el diámetro de la casa donde los peces no pueden salir. Allí los alimentan hasta que adquieren el tamaño suficiente para ser vendidos.
Luego hemos paseado por la aldea viendo el quehacer diario de sus habitantes, eso es posible porque hacen vida en el exterior y sus puertas si las hay están abiertas de par en par.
Saludando a niños y mayores hemos disfrutado de sus sonrisas y su predisposición a ser inmortalizados con nuestras cámaras………………..Que paciencia que tienen.
Honey, Joaquín y yo (María) nos hemos salido del grupo de borregos que formábamos (los turistas) para poder ir a nuestra bola parando donde queríamos y no donde nos mandaban hacerlo.
Fuimos al mercado de la ciudad que siempre es atractivo, todos se parecen pero todos son distintos.
Niños jugando al ajedrez local muy ensimismados con sus habilidades.
Posteriormente hemos tomado un bus que nos ha llevado a Sam Mountain para ver la pagoda llamada Cave Pagoda porque tiene una cueva muy hermosa estropeada por imágenes infantiles representando a sus dioses hindúes, con lo bonito que es lo que ha hecho la naturaleza sin añadidos religiosos.
Como se nota que soy atea.
Como se nota que soy atea.

Unas escalinatas nos acercan al templo que tiene en su entrada a un buda sonriendo "Happy Buda"
Las vistas desde lo alto del templo son muy bonitas, dan sensación de paz y serenidad.
Las imágenes a las que hacen ofrendas son policromas y algo infantiles pero las de las iglesias católicas no es que sean mucho mejor salvo excepciones dignas de mentar como "La piedad" de Miguel Ángel.
En un lateral y donde nadie ha reparado en mirar, he encontrado una puerta que me parece muy decorativa y original, la tenían medio abierta separando dos recintos con escombros, me ha extrañado que no le saquen más provecho, a mi me gustó.

Los monjes del templo con su habitual amabilidad colocando sus flores para el altar.
Comimos excelentemente por el camino en un restaurante de carretera disfrutando de una cerveza local y café colado.

Tras tres horas de bus pasando por pueblos con sus calles en ebullición de gentes y comercio, paisajes de jungla, ríos con sus casas alzadas y barcas faenando hemos llegado a Can Tho donde nos han dejado en un hotel a Joaquín y a mí. Honey sigue camino hasta Saigón.
El chaparrón de la tarde tampoco ha faltado aquí así que hemos estado en el hotel hasta que escampó, más o menos una hora después.
El paseo por la ciudad nos lleva hasta el rio con una enorme estatua de Ho chi Minh en una zona bonitamente ajardinada.
Nos refugiamos de un nuevo intento de llover en un restaurante de lujo, aprovechando la coyuntura nos tomamos unas creps de chocolate.
Una joven pareja de catalanes del sector de la enseñanza (esos tienen vacaciones largas) se han unido a nosotros.
Hemos pasado una velada estupenda charlando de sus aventuras por estas tierras.
Ellos vienen del norte de Vietnam, explicándonos sus impresiones de los lugares visitados y riendo con las historietas anecdóticas que han pasado hemos llegado así a la hora de despedirnos pues mañana nos recogen a las seis y media para seguir con nuestra tour.
Hemos pasado una velada estupenda charlando de sus aventuras por estas tierras.
Ellos vienen del norte de Vietnam, explicándonos sus impresiones de los lugares visitados y riendo con las historietas anecdóticas que han pasado hemos llegado así a la hora de despedirnos pues mañana nos recogen a las seis y media para seguir con nuestra tour.
En el hotel hay wifi, una comunicación vía skype con José y un mail de Abdi, el guía del Kilimanjaro que me dice que me añora, ponen el colofón a un día muy completo.
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