jueves, 19 de julio de 2012

10/7/2011 Kuala Lumpur to Singapore



Por la mañana cogí el metro hasta la estación central de trenes, hay una sola parada, me costó 1 ringgit a diferencia del taxi cuando llegué que me costó 10.

Esperando la salida de mi tren estuve pensando en el día de ayer.

Fue una de las manifestaciones más pacificas que he estado por parte de los manifestantes.
Ni una pedrada a la policía, ni un cristal roto, ningún coche cruzado ni papelera atravesada en la calzada y mucho menos coctel molotov.
No había ningún motivo que justificara la carga policial, represión pura y dura sin derecho a queja.
Solo gritos de petición de transparencia en las elecciones y pitidos al helicóptero cuando nos sobre volaba.
Es gente pacífica.

La ciudad es una mezcla de varios estratos socio económicos juntos pero no revueltos.
Conviven homeless tirados por la calle para dormir con edificios de construcción muy pobre y fea, otros de mejor ver y como colofón los rascacielos, autopistas, tiendas y hoteles a todo lujo que no tienen nada que envidiar a los de NY.

Todo esto en un área no muy grande.
Por fin supe cómo moverme a pie por la ciudad.
Yo estaba en un extremo de la ciudad, con caminar un cuarto de hora podía llegar al corazón comercial y las torres gemelas Petronas.
Claro que con la ciudad paralizada de tráfico fue más fácil.

El tren es largo y destartalado con pretensiones, supongo que en su día estuvo bien pero ahora necesita un reciclaje, se ve decadente.


Imagenes del trayecto tomadas desde el tren han sido muy malas porque la ventanilla no se podia abrir y los cristales estaban mates.


Un americano de LA, California, me ha preguntado si quería charlar un rato. Me ha invitado a sentarme junto a él.
Tipo curioso, me ha contado que está trabajando para un señor muy rico en Hong Kong desde enero de este año. Ahora está de semi vacaciones investigando por el sur de Malasia.

La historia es la siguiente.
Se divorcio hace poco, su hijo se ha casado con una tailandesa haciendo la luna de miel en Tailandia e invitando a la familia de él a conocer a la de ella a Tailandia.
Su hermano es un escritor con algo de nombre que ha estado escribiendo sobre Asia.
Un acaudalado señor de Malasia de 85 años que vive en Hong Kong quería escribir sus memorias por lo que contrato los servicios de su hermano.
Como este no quería desplazarse a Hong Kong, le ofreció a él, que es abogado que si quería ese trabajo.
Vio el cielo abierto al poder ahorrarse el pastel de la boda con ex mujer y compañía (la nueva pareja de su ex) todos juntitos en Tailandia. Dijo que sí.

Ahora va al lugar de nacimiento del cliente para ambientar el libro aunque sabe que en estos años ha cambiado todo el entorno.

Es un personaje extraño, mientras me habla mira por la ventanilla como si hablara para él mismo, eso me incomoda por lo que le he dicho que volvía a mi sitio a dormir un poco.

El restaurante del tren eran snaps y bebidas apiladas en una de las plataformas de uno de los vagones
Más tarde pasaron un carrito con comida elaborada, yo me atreví con un arroz envuelto en una hoja que supongo es de plátano (planta).

He estado hablando con mi compañera de asiento, es de Malasia, trabaja en Singapur para una compañía francesa, me ha enseñado las fotos de todo el staf y también la de sus sobrinas que llevaba en su Iphone.
Me ha explicado que cuando Singapur se separó de Malasia sus habitantes escogieron nacionalidad quedando familias divididas.

Al llegar a la estación el americano que se llama Jeff me estaba esperando para decirme si me podía invitar a cenar.
Sin comer en todo el día me ha parecido perfecto el ser invitada a una buena cena.

Debo tener un ángel que cuida de mi ya que gracias a ir con Jeff he podido llegar hasta la ciudad pues el tren nos dejó en la frontera donde no hay cajeros, yo iba sin un dólar de este país.

La ciudad está a un cuarto de hora de autobús más media hora de metro, los taxis tenían una cola kilométrica.


El paisaje es alucinante, otro mundo. Todo ajardinado, límpio, grandes rascacielos.

Su hotel el número uno de toda Asia, el lujo llevado a extremos increíbles, me dijo que pagaba su único cliente la cuenta así que cenamos de maravilla con vistas de la ciudad iluminada desde lo alto donde estaba el restaurante (uno de los muchos que tiene el hotel).

Para acceder a la piscina hay unas amplias escaleras de madera serpenteando entre vegetación selvática. La piscina era como un gran lago con surtidores e iluminación tenue que la embellecía aún más. Rodeada de palmeras y con jakuzi.

No faltaba nada.


Me propuso un baño al que acepté encantada.
Nadando en aquel lago-piscina y observando tanta belleza y lujo me hice cruces del impacto que iba a recibir al llegar a mi hostel mochilero en chinatown.

Así fue, me quede de piedra viendo que mi hostel no es tal.
Es un habitáculo en medio de un mercado en un tercer piso con unas habitaciones compartidas mixtas sin espacio para dejar ni la mochila.
Me recordó esos dormitorios que veía por la tele en las redadas a la mafia china donde dormían hacinados (¿ estoy exagerando un poquito, no?).
Es mixta pero en mi habitación son todo chicos, hay cuatro y una cama vacía.

Logré encontrar el hostel a pesar de las piruetas del taxista (faltaría más, aquí también) para perderse y decir que no encontraba esa dirección cuando él vive en la misma calle pero en otro bloque como me insistió al pasar por al lado de su casa….………………………….Voy a clasificar a los taxistas en la categoría de insectos.

Mañana sin falta cambio de hotel. Ya he hecho una reserva en uno en Little India. Los hoteles están muy caros, espero que este esté mejor.

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