jueves, 19 de julio de 2012

21/7/2011 Volando a Phnom Penh, Camboya



He llegado al aeropuerto con el tren. Es rápido, cómodo solo cuesta un euro y te entienden. No como los taxistas que como no saben inglés, para no perder la carrera dicen que si que saben donde quieres ir y a veces hasta lo aciertan.


El aeropuerto de Bangkok parece un parque temático con sus espectaculares figuras y un altar budista grandioso en medio del hall.


La serpiente o dragon de tres cabezas medía por lo menos 50 m.


La llegada a Phnom Penh prometedora por las vistas desde el avión.





Nada más llegar, pasar la burocracia aduanera, una tufarada de aire caliente tipo caribeño me ha situado en lo que me espera. El aire huele a caliente, es caliente, no hay escapatoria.
Me han llevado al hostal en Túk-Túk, no había subido del todo en él que el conductor me ofrecía llevarme al palacio real de visita turística.
Le he recordado que aún no había soltado la maleta y que ya decidiría más tarde.
A medida que me adentraba en la ciudad iba sabiendo que me iba a gustar. Casas de máximo dos plantas, ningún rascacielos, comercios multicolores en la carretera.


He pasado por al lado del palacio real, promete ser muy bonito. Visto de refilón lo parecía, mañana lo visitaré.
Mi hostal backpacker destartalado (estoy malacostumbrada con tanto lujo últimamente) pero muy limpio, sobre todo el baño.
Me he ido a dar un paseo para situarme. Me ha gustado lo que he ido viendo a lo largo de mi paseo.


Un mercado bien servido pues había pescadería, carnicería, frutería y demás cosas que puedan ser necesarias en el hogar todo junto.
Impresiona ver el pescado aún coleando exhibido en plafones en el suelo, los pollos colgados sin ninguna protección junto a otros chiringuitos de lo más variado.




El rio es ancho, marrón, lleno de vida tanto en el agua con barcos restaurantes que te llevan a ver la puesta de sol mientras cenas, otros de paseo, barcazas más pequeñas que también ofrecen sus servicios.
El paseo junto al rio estaba lleno de gente bailando al ritmo que marcan unos altos altavoces.


Hay diferentes grupos de diferentes edades y diferente música.
Como es lógico la reggae la bailan los jóvenes y todos los que quieran participar.
La música más tranquila y sensual de la tierra la bailan preferentemente mujeres de mediana edad.


Está muy bien porque así se hace ejercicio sin tener que ir al gimnasio.
La tarde ha ido dejando paso a la noche con la gente ociosa sentada en las terrazas o caminando, dejando pasar el tiempo sin prisas.
He cenado en un restaurante del paseo. Cena camboyana. No me he quedado con el nombre del plato pero era arroz frito con verduritas y frutos de mar. Es como en indonesio, solo cambia las especias que son algo diferentes.
Paseando por la ciudad y tratando de cruzar las calles sin ser atropellada me doy cuenta de lo poca consideración que se tiene al peatón. No hay semáforos, los coches no paran para dejarte pasar y las motos mucho menos.
Se requiere gran concentración para llegar a la otra acera sin percances.

Recibí un mail de Matt que estará en Hanoi hasta el día 5 de agosto, luego vuela a Bali. Hemos quedado de vernos allí si coincidimos fechas.

La calor no mengua al caer la noche, hay mucha humedad, estoy empapada de sudor. El hot yoga y esto estan a la par.

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