jueves, 19 de julio de 2012

27/7/2011 Tren bambú, Phnom Sampeau, Battamban, Cambodia



He querido aprovechar bien la mañana con lo que he contratado los servicios del cansino de mi chofer de Túk-túk que me hizo prometerle que le llamaría para ir a montarme en el tren de bambú en Dambong.


Consiste en unos vagones hechos de bambú lo que los hace muy ligeros sobre unas ruedas conectadas las traseras por una cadena a un motor de gasolina de 6HP.
Desarrolla bastante velocidad que en un principio asusta porque las vías están algo destartaladas y al no tener carcasa, recibía todo el impacto de la velocidad en el rostro incluyendo los mosquitos que normalmente quedan incrustados en los parabrisas.


El recorrido de 13 kilómetros discurre entre arrozales y alguna aldea. Lo usan los locales para el transporte del grano y otras mercaderías.
Como solo hay una vía cuando se encuentran de cara los que van con los que vienen el que menos pasajeros lleve se desmonta la plataforma, se quitan las ruedas y se vuelve a montar en cuanto pasa el otro.


La pregunta del millón es ¿qué pasa cuando lo que viene es un tren de verdad? Parece ser que si esto sucede, cosa infrecuente como ya lo saben el tren de verdad se hace de notar desde lejos dando tiempo a desmontarlo.


La experiencia no estuvo mal pero en el pueblo donde acaba el tren me trataron como una mercancía, muy amables, en exceso pero son tan cándidos que se les nota de una hora lejos los intentos de sacar provecho.
Entiendo perfectamente que se busquen la vida pero las formas hay que mantenerlas no forzar situaciones.
Fue desagradable como el dueño del bar tras insistir hasta la saciedad que comiera o bebiera algo a pesar de decirle que no me venía en gana, se me cruzó delante mío cuando ya estaba subida en el vagón para marchar, me insistió mucho rato y de diferentes formas que le diera propina al conductor del tren.
Como cuando me intentan forzar sale mi vena cabezona, sin perder las formas y con una amplia sonrisa le dije que es mi privilegio el decidir si lo hago o no.


La visita al Phnom Sampeau fue agradable con vistas de toda la región, arrozales, bosque y montañas a lo lejos. Sorprenden después de estar una semana viajando con paisajes llanos.


En el interior del templo los monjes oran ante el altar de Buda.


El templo de la cima con sus altares, la cueva donde en la época de Pol Pot los Kmer Rojos tenían encerrados a los prisioneros decapitándoles al tirarlos desde lo alto de la cueva.
Macabramente conservan los cráneos en una vitrina que preferí no ver, tampoco dejé que el guía me diera muchos detalles.


Me encontré con Satur (el gallego) en la vuelta a la ciudad, quedamos en vernos en Phnom Penh al llegar para cenar juntos.


El viaje en autobús muy cómodo y ameno viendo el desarrollo de la vida rural a lo largo del trayecto. En un momento se llenó de humo el bus y nos hicieron bajar, salía humo de la rueda trasera, lo solucionaron con cubos de agua.
En la estación de autobuses, un coche mortuorio llama mi atención. He visto uno en Singapur otro en Bangkok y este en Battamban, todos diferentes.


Por la tarde como cada día desde que estoy en Cambodia se ha puesto a llover intensamente.
Durante el camino estado pensando en lo que me contó mi amigo sobre sus viajes y su vida en la cena de ayer.
Seguiré el orden del relato tal cual él hizo para intentar no perderme pues fue largo.
Hablando de la India me contó que todo le fue mal. Nada más llegar le enredaron en la búsqueda de hotel, él decía al chofer del taxi que quería ir a uno y le llevaba a otro que decía que era mejor.
Insistió en ir al que él le pidió. Le llevaron pero hablando con la recepcionista en su idioma cosas que no entendió le dijeron que estaba completo.
La historia se repitió en dos sitios más hasta acceder a ir al recomendado por la agencia del chofer.
Cuando se registró le retuvieron el pasaporte, lo reclamó, no se lo devolvían.
Algo mosqueado, saco una navaja multiusos que llevaba en su mochila, empezó a jugar con ella pasándola de mano a mano. Le devolvieron el pasaporte.
Le dio la impresión que en aquel garito que fue a parar no había más huéspedes que él.
A las tres de la mañana le entraron en la habitación que estaba cerrada, por lo que cree que eran los mismos del hotel, para robarle pidiéndole dinero.
Hizo que lo buscaba, sacó la navaja, se fueron pero a las dos horas volvieron, esta vez eran tres y acabó con empujones y puñetazos. Me cuenta que logró rechazarlos.
Cambió de hotel, claro.
Lo siguiente fue que otro día pidiendo a un taxista que le llevara a un sitio de copas le llevó a un prostíbulo. Él dijo que no era eso lo que buscaba, el taxista le pidió por favor que como tenia comisión que se tomara la copa allí aunque no hiciera caso a otros servicios.
Al parecer tras tanta insistencia de compañía no aceptada decidió marchar. Al pedir la cuenta subía 2000$. Protestó. Le dijeron que estaba incluida la consumición de las chicas y otros servicios. Tras discutir violentamente logró marchar pagando 200$ por solo una copa que se tomó.
Si no fuera porque creo que cada uno se encuentra lo que busca me quitaría todas las ganas de ir a India.
No sé muy bien que quiero decir con esto, es que me da la impresión que si aceptas entrar en un sitio así solo porque el taxista te insiste…………………………….Pues eso, te lo buscas, no?

La llegada a Phnom Penh bajo chaparrón de lluvia con el hotel donde habíamos quedado estaba cerrado por obras.
No me he encontrado con Satur como teníamos previsto, otra vez será.

Mañana seguiré con el relato de mi amigo ya que considero que tiene unas vivencias familiares muy curiosas y dignas de recordar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario